La Primera Vez

Esta entrada es colaboración de @anais_digital

Hoy fue la primera jornada del Torneo Apertura de la primera división del fútbol profesional venezolano. Empezó una nueva temporada, enmarcada dentro de los años 2010 y 2011, empezó la ilusión en torno a una nueva estrella que agregar a canciones, trapos e indumentaria.

La última vez que fui al estadio Olímpico de la Universidad Central de Venezuela, casa del Caracas FC, fue el domingo 23 de mayo para presenciar la ida de la final de la temporada pasada, contra el acérrimo rival, el Deportivo Táchira. Casi 25.000 personas me acompañaron en la victoria de Los Rojos de El Ávila por 1-0 sobre el equipo visitante.

Antes de hoy, parecía una eternidad ese regreso a la grada, parecía que la camiseta agarraba polvo en el clóset y que los cantos se quedaban olvidados en la garganta.

Pero, después de hoy, toda la espera tuvo sentido. Al entrar al estadio y escuchar el sonido característico del juego, de la gente, de los vendedores ambulantes, de la hinchada…se sintió como si fuese la primera vez. Las primeras veces, cuando pueden recordarse, suelen estar relacionadas con números y con sensaciones indescriptibles.

Así como la primera vez que me sentí identificada con la camiseta Vinotinto. Transcurría el año de 1997, yo tenía 11 años y el Sudamericano de Baloncesto se celebrara en el gimnasio Pedro Elías Belisario Aponte de la ciudad de Maracaibo, Venezuela. Se jugaba la final contra Uruguay, la temperatura dentro del recinto superaba los 40 grados con una humedad que rozaba en lo inhumano y aún así 5.000 personas comunes y corrientes nos convertimos en el sexto jugador de aquella selección que muy dignamente se llevó la plata del torneo. Indescriptible.

Ese mismo año y en la misma ciudad, fue la primera vez que pisé el engramado de un estadio de fútbol. Como parte de un torneo intercolegial, nos llevaron al José Encarnación “Pachencho” Romero, para la época, el más grande de Venezuela. Su imponente estructura de concreto, que albergaba a unas 35.000 personas, es capaz de quitarte el habla si lo observas completamente vacío. Ahora, observarlo lleno y bañado de Vinotinto…otra historia. Indescriptible.

La primera vez que vi al Caracas FC era una universitaria de 18 años que, por curiosidad, fue al estadio Brígido Iriarte. Era la antigua sede del club, muy discreto y pequeño, incluso más que el Olímpico. El rival era el Unión Atlético Maracaibo y la barra estaba compuesta por unos 300 hinchas que hacían gala de un muy variado repertorio de cánticos. Hoy en día, 6 años después, la barra se hizo grande para el Brígido y los cantos perduran durante los 90 minutos de juego. Indescriptible.

Lo más increíble es que lo único que se necesita para tener un vívido recuerdo de una primera vez, un recuerdo lleno de números y de sensaciones indescriptibles, es ir al estadio. Sencillo. Así que siéntanse libres de ir. Y cuando lo hagan, tomen nota visual de todo, emociónense, canten el himno desde el alma, identifíquense con una camiseta. Formen parte de algo que en este momento evoluciona sin parar. Construyan anécdotas que valga la pena contar en un post como este y que inspire a otros a crear sus propios e invaluables recuerdos.

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